Alena, ¿quién eres? Una mujer que mira.
¿Y qué sabes hacer? Sólo una cosa, escribir.
Y de estas dos respuestas nace Estampaciones. Bueno, de estas dos respuestas y de su pasión por la literatura co
A través de una leve intriga centrada en la aparición de un extraño personaje, asistimos a un juego literario no solo con lo que sucede, sino con lo que creemos que sucede; de esta manera la novela se transforma en una especie de juego de espejos. Un escritor, una aparicion inesperada, un mundo subterraneo que se despliega a traves de la palabra: una chaqueta roja como metafora de lo que ocultamos una caja de un puzle en tres dimensiones, segun su prologuista. Un juego. Y el lector como complice.
Alena, ¿quién eres? Una mujer que mira.
¿Y qué sabes hacer? Sólo una cosa, escribir.
Y de estas dos respuestas nace Estampaciones. De ellas y de su pasión por la literatura como profesora, lectora y
Alena, ¿quién eres? Una mujer que mira.¿Y qué sabes hacer? Solo una cosa, escribir.Y de estas dos respuestas nace Estampaciones.Bueno, de estas dos respuestas y de su pasión por la literatura como profesora, lectora y escritora.Estampaciones es un libro de fotografias en forma de relatos, de estampas que ganan movimiento gracias a la capacidad evocadora de Alena Collar.La autora combina en su paleta la prosa poetica con una prosa mas directa, aderezadas ambas con toques sutiles de humor, regalandonos asi un tapiz de imagenes que nos llevaran desde la sonrisa hasta la nostalgia.
"A ellas no las vemos. Pasan a nuestro lado todos los días: la que va al mercado, la que te atiende en el comercio, esa que está en una esquina de la calle, la adolescente que lleva ipad y sale el viernes, la señora de la bolsa y el cansancio al regresar a casa, la que ve emigrar a sus hijos, la que te saluda agarradita del brazo de «su» marido... Tantas otras. Y siempre, desde niñas, hay enfrente de ellas una puerta. Una puerta que abren, o no, que se les cierra o que empujan con valentía, que entornan despacio como sin atreverse. Son anónimas, sí: nadie hablará de ellas; nadie quiere contar sus historias. Al fin y al cabo, ¡son tan vulgares! ¿Para qué detenerse en sus vidas pequeñas? Pero están ahí, cada día, en tu ciudad, cuando muere la tarde, como un aviso de que si no las miras, si no cuentas su historia, el mundo que te rodea será aún más gris porque desaparecerá tu propio mundo cotidiano: porque una de ellas, detenida frente a la puerta, podrías ser tú, o tu pareja, o tu madre, o tu hija. Porque quizá está esperando abrir la puerta y tú no lo sabes. Y son tan «radiKales» que se metieron en casa y me obligaron con suavidad de terciopelo a escribir sus vidas. Para que puedan existir para siempre. Si las lees, no morirán nunca. "