Conall Mackintosh tenía buen ojo para las mujeres y el corazón puesto en los viajes. Cuando su señor le propuso la misión de firmar un acuerdo comercial con el clan Dunbar, el aventurero no pudo decirle que no ni a su hermano ni a la recompensa que obtendria por un trabajo bien hecho. A orillas del lago Drurie, Conall conocio al señor del clan Dunbar, una muchacha descarada de cabellera rojiza y falda remangada por la rodilla. Mairi Dunbar habia cuidado bien de su gente tras la muerte de su padre. No era ninguna boba, y podia hacer un trato con el clan Mackintosh perfectamente, aunque Conall no sabia si besarla o estrangularla. Lo cierto era que cuando el gran viajero se miro en sus ojos, descubrio algo que no habia visto en ningun lugar del mundo.