El amor al prójimo recibe el sello de autenticidad allí donde abarca no sólo a las personas simpáticas y agradecidas, sino donde también se extiende a las personas antipáticas, molestas y desagradecidas e incluso llega a las que no admiten el amor que perdona, las que han obrado injustamente con uno o las que son hostiles.
Espiritualidad y cotidianeidad suelen coexistir sin que haya ninguna relación entre ellas. Ora et labora, “reza y trabaja”, la vieja regla de 1.500 años de antigüedad de los monjes benedictinos, mues