Hans Sedlmayr (Hornstein, Burgenland 1896-Salzburgo 1984) estudió arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Viena. Impresionado por las conferencias de Max Dvoràk y por la personalidad de éste, en 1920 decidió estudiar historia del arte, disciplina en la que se doctoró bajo la dirección de Julius von Schlosser. A su doctorado siguieron diez años de viajes y de actividad científica libre. En 1933, opositó a cátedra en la Escuela Técnica Superior de Viena, y en 1934 lo hizo en la universidad de esa misma ciudad. Ese año se convirtió también en asistente de von Schlosser, a quien finalmente sucedería en la cátedra vienesa en 1936. Su carrera universitaria continuaría en la Universidad de Múnich y posteriormente en la de Salzburgo, donde se retiró. Fue miembro ordinario de las academias científicas de Viena y de Erfurt y de la Academia Bávara.
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Las clasificaciones que él establece deben entenderse como un primer acercamiento que se enriquecerá con el paso del tiempo gracias a las aportaciones de los estudios que profundicen en esta apasionante investigacion, dejando claro que, debido a la diversidad de enfoques posibles, no tiene sentido pensar en la existencia de una unica taxonomia, lo que supone una advertencia sobre la riqueza, complejidad y extension del campo de estudio al que nos enfrentamos.
Clásico de la historia del arte, La revolución del arte moderno analiza el surgimiento de la contemporaneidad estética a partir de los cuatro fenómenos primarios que determinaron la revolución artística de principios del siglo xx: el afan de pureza, que da lugar a la pintura abstracta y a la arquitectura sin ornamento; la fascinacion por la geometria, que se manifiesta en el cubismo; la fascinacion por el lado onirico e irracional del ser humano, tipica del surrealismo; y la busqueda de lo original, una tendencia propia del expresionismo. Tras discutir las posibilidades, las contradicciones y los callejones sin salida a que llevan estas tendencias internas de la vanguardias historicas, Hans Sedlmayr muestra como el arte llamado moderno se disuelve en lo no-artistico, y concluye su analisis formulando la utopia de un arte verdaderamente moderno, mas alla de ismos y escuelas. Brillante, lucido y conciso, Sedlmayr coloca en perspectiva una epoca de crisis, y ofrece un diagnostico que aun hoy permite distinguir el arte verdadero de la mera especulacion estetica.