Resulta difícil ignorar en América Latina la existencia de un proceso de deshumanización insoslayable, que lleva a cuestionar las políticas implementadas en sus economías nacionales. La globalización en el presente estadio no promueve el espiritu de cooperacion sino una descarnada competencia junto con nuevas formas de dependencia y consolidacion del subdesarrollo. Latinoamerica intenta procurar su integracion sin haber podido construir sus identidades nacionales pese a contar con sistemas politicos de indole democratica. En sintesis, asistimos de este modo a un proceso de globalizacion que provoca fragmentacion social, donde prevalece el interes singular y al reemplazo de la solidaridad por el egoismo.