Juan Iglesias, salmantino, bachiller superior a los trece años, licenciado en Derecho a los diecisiete, profesor auxiliar a los dieciocho, catedrático a los venticuatro, figura singular en el ámbito de los estudios jurídicos. Profesó, a lo largo de cincuenta y cinco cursos académicos, en las Universidades de Oviedo, Salamanca, Barcelona (Central) y Madrid (Complutense, Pontificia Comillas y San Pablo-CEU). Autor de un Derecho romano calificado por la ciencia romanística europea como uno de los mejores de su género. De alto predicamento gozan sus libros Espíritu del Derecho romano, Estudios, Miniaturas histórico-jurídicas y Arte del Derecho. En artículos periodísticos compilados bajo el título de Surcos patentizó su larga, profunda y exquisita formación humanística. Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Nápoles, y Premio Príncipe de Asturias 2001 de Ciencias Sociales.
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Presentación de Javier Paricio. Esta es la historia de una Salamanca a la que el autor se sintió muy próximo. En ella destaca la figura del profesor don Magín de Lerma y Santillana, hijo de un matrimonio en el que el bienestar y la virtud corrian parejas. Al dolor sufrido tras la muerte, en tragico accidente, de sus padres, añadio pronto la perdida, causada por tisis galopante, de su prometida, una joven cuyos mas preciados dones -belleza, bondad y cultura- llenaban de gozo su alma. Sumido en el mas profundo dolor, sufrio una crisis espiritual que le aparto de su fe religiosa. Fortuna fue, en medio de tanta desventura, que acertara a encontrar un lenitivo en su denodada entrega al estudio, a la catedra y al compromiso de atesorar el bien de los demas, que es decir, de sus projimos-hermanos y, principalmente, de los mas menesterosos. A la postre, y pese a todo, fue tenaz practicamente de unos ideales a los que hizo plena consagracion de su vida.
Si la sociedad romana se centró en la propiedad agrícola, mientras la moderna lo hace en la empresa financiera, en la compañía mercantil, en el industrialismo invasor, en el crédito, en el ámbito laboral, resulta cierto que el Derecho romano, referido a la seca literalidad de sus prescripciones o, si se quiere, de sus fieles dictados normativos, carece de sitio en el mundo actual. Sin embargo, otra cosa es desterrar el conocimiento de la más soberana formación jurídica que han conocido los tiempos. Otra cosa es declarar baldío aquello que, en expresión zubiriana, se ofrece como uno de «los tres productos más gigantescos del espíritu humano». Se ofrece al público esta nueva edición de esta obra del profesor Iglesias, se subraya la unanimidad en el elogio de los juicios que sobre ella han sido emitidos en las numerosas recensiones, españolas y extranjeras, de que ha sido objeto.El elegante y castizo lenguaje, su valor pedagógico, la consistencia científica, la riqueza expositiva y el sentido histórico-jurídico han dado singular fama a este libro, un verdadero clásico de la literatura «romanística».
Este libro realiza un estudio del secreto o espíritu de la vida romana basada en el Derecho. La idea del espíritu es el ánima motora de la entera sociedad romana; es la fuerza-madre del todo romano. De este espiritu se nutren y documentan todas las manifestaciones externas.