En la sociedad mediterránea antigua, explica la autora de este libro, las mujeres desempeñaban con frecuencia puestos de liderazgo político y social a nivel de familia, pero no en público. De aquí que mientras la iglesia primitiva se reunia en las casas privadas, las mujeres que habitualmente gobernaban sus hogares economica y culturalmente solian regir tambien las comunidades. Pero cuando el cristianismo emergio de sus enclaves domesticos y la Iglesia se convirtio en institucion publica, aquellas fueron relegadas a la esfera de lo privado, debido a la proscripcion de la actividad de las mujeres en la esfera publica en la sociedad grecorromana. Este libro muestra de modo logico y convincente que el sexismo y la misoginia, que permanecen hasta hoy en el interior de la iglesia, no derivan de Jesus y de sus primeros seguidores, sino del contexto social en el que el cristianismo florecio. De modo que, quienes niegan a las mujeres la plena participacion en el liderazgo de la Iglesia moderna, basandose para ello en la enseñanza y en la praxis de Jesus y de la Iglesia primitiva, estan sencillamente equivocados. Bajo el arco triunfal de una basilica romana dedicada a dos santas, Pudenciana y Praxedes, hay un mosaico en el que aparecen cuatro figuras femeninas... Los rostros de Maria y de dos santas son faciles de reconocer. Pero la identidad de la cuarta no esta tan clara. Una inscripcion de trazos cuidadosos identifica el rostro que aparece a la izquierda del todo como el de Theodora Episcopa, es decir, Teodora Obispo. El masculino de "obispo" en latin es episcopus; el femenino es episcopa. Tanto la figura como la construccion gramatical de la inscripcion nos dicen, sin lugar a dudas, que Teodora Obispo era una mujer. Pero la "a" final de Theodora ha sido parcialmente borrada raspando las teselas del mosaico, por lo que llegamos a la turbadora conclusion de que se intento eliminar la terminacion femenina, quza ya en la antiguedad. Con esta reveladora