Trad., Silvia Schettin La teoría de la evolución formulada por Darwin constituye el marco teórico ineludible en el que se inscriben todos los estudios de la biología contemporánea. La biología molecular, la paleontologia, la ecologia, la medicina, la antropologia: ninguna de estas disciplinas tendria sentido fuera del corpus conceptual evolucionista. Desde sus primeras anotaciones escritas en los años treinta del siglo XIX, Charles Darwin tuvo claro que la suya era algo mas que una teoria cientifica: era un largo razonamiento que socavaba los cimientos de la concepcion providencialista del mundo y que incluia definitivamente al hombre en las leyes de la naturaleza. En los casi dos siglos que la separan de nuestros dias, la teoria de la evolucion se ha visto enriquecida por muchos nuevos datos y por una gran variedad de pruebas experimentales y empiricas. Darwin sigue funcionando. Pero desde siempre, ha habido quienes se oponen a el, tratando de desacreditar el darwinismo, acusandolo de una debilidad de la que carece o atribuyendole hechos nefastos que le son totalmente ajenos. Con admirable claridad y buenas dosis de ironia, Pievani nos ayuda a comprender el trasfondo cultural de los nuevos creacionistas, defensores de un diseño inteligente, bien condimentado con una salsa teo-con.
Si se analiza el universo con las herramientas hoy a nuestro alcance, comprobamos que se funda en la imperfección, y no sólo eso, sino que ésta es su principal motor. Sólo donde hay imperfección hay algo que sucede -un evento, un proceso, un cambio, una relacion-, mientras que la perfeccion es, por el contrario, algo completo y atemporal. En estas paginas, el filosofo de la ciencia Telmo Pievani nos ofrece una completisima y estimulante historia natural de la imperfeccion biologica en la que nos muestra como desde el principio de los tiempos hasta hoy, desde los protozoos al Homo sapiens sapiens, las especies, sujetas a una evolucion regida por el azar y sometidas a este rasgo que les es tan inherente como fundamental, han tenido que adaptarse y abrirse camino en la admirable aventura de la vida.