¿Cuál es el sonido del corazón? ¿Y por qué late? El viejo sastre lo va a descubrir gracias a un viaje y nosotros gracias a este emocionante álbum de Txabi Arnal. El autor vasco, en este segundo trabajo con OQO editora, regresa para contarnos la historia de este sastre que siente un vacio inmenso dentro del pecho. Y como la vida ociosa de palacio no acaba de llenarselo, un dia huye de su jaula dorada. ¡Pero como se podia imaginar el, que el mundo estaba hecho harapos! Hay pobreza, catastrofes naturales, guerras ¡El viejo sastre tiene tanto que zurcir y remendar! Solo tiene ovillos de hilo, agujas de varios grosores y sus viejas tijeras, pero alli donde llega, se acaban las penas. Y como por los rincones del camino va dejando amigos, cada vez que se marcha de un lugar, nuestro protagonista ata la punta del ovillo y va soltando hilo a medida que se aleja. Asi, todos los sitios visitados van quedando conectados por el hilo, y deja trazada la ruta para cuando decida volver. Pero no sera hasta la ultima ilustracion, ya sobre un mapa, cuando los lectores descubramos el verdadero significado de su viaje. Y la encargada de revelarnos este secreto va a ser Cecilia Varela. La ilustradora, de origen argentino, aunque afincada desde hace años en Mexico, se estrena con este album en OQO editora. En palabras de la artista, un cierto poso de melancolia caracteriza su trabajo, y sus tecnicas favoritas, a la hora de ilustrar son el acrilico y el lapiz sobre papel. Las imagenes, unas veces refuerzan lo que el texto dice, y otras desvelan aquello que calla. Y asi debe ser, en su opinion, para que el lector se sumerja alternativamente en cualquiera de los dos universos posibles. En El corazon del sastre son muchos los detalles que merece la pena comentar. El primero, la figura de este entrañable protagonista. ¡Fijaos en el! ¿No os recuerda su cuerpo a un ovillo de hilo? Y que hay del sombrero, ¿sera un gorro o un dedal? La sensibilidad de Cecilia Varela brota en los sitios mas inesperados. Humaniza los elementos de la naturaleza, como el Sol y la Luna, que desde lo alto, nos sonrien o nos miran asombrados. Tampoco le pasan desapercibidos esos pequeños gestos de los animales: el perro que mira de reojo, el pez que salta queriendo morder el hilo&he
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