Enorme círculo que se hace arcada en la luz y pega fuerte en la emoción. Puerta que deja ver, en la compleja universalidad de pasiones y deseos el dolor del trauma. Espacio sideral que nos pone frente a nuestro pecado de origen, descripto en un discurso, donde la belleza cubre el horror. La mujer reveladora ha de mostrar con decision y valentia la muerte de la vibora enroscada en la tierra, que perece bajo sus pies. Abraza al niño alado, el que no debe morir, el que debe ser nombrado y reconocido para salvar al hombre del veneno que alcanza a todos. Seres sumergidos en el caos de un estertor que el barro y el agua se han de tragar. Las espadas encendidas de los angeles protegeran al niño, que la madre rescata de la posesion de un dios, que invadido por la ira y la desazon, señala el hecho con el indice. Expresiva orden de recuperar al niño, para un hombre que lo mira atonito, sin reaccionar. La mano izquierda se muestra abierta, en un espacio vacio que el hijo deberia ocupar. Una estrella en el azul profundo nos repite quien es el que se ha de salvar. En la voragine de luces y sombras: ¡el milagro! Regalo que hace un angel para aquellos que alcancen la sutileza del simbolo: la pluma; casi invisible en el dramatico combate. Representacion del saber que dara por medio de los signos, forma a la libertad y donara a los hombres el hijo del alma. Hijo del deseo infinito que migra en sus entrañas y ha de nacer de su cabeza. El niño sin nombre extiende su manito para sujetarla, su mirada se clava en el objeto que el ha de entregar a una mujer, que solo escribira con ella la verdad. El angel que ocupa el primer plano le enseña un anillo; simbolo pasionario, eslabon perdido de una condena sin fin y sin tiempo, que los angeles de Rubens, intentan reparar.