Verdaderamente, este es un libro inútil, explica su autor, Alfonso de la Torre, como tantas cosas bellas de la vida, concluye. Escritural estadía en un salón de pasos perdidos donde pueden hallarse recuerdos de infancia, admiraciones, duelos, extrañas fosforescencias, deseos y fantasmas de la imaginación, evocaciones de viajes, homenajes o citas a otras escrituras, fracasos, anotaciones volanderas y poemas, hemos de pensar estamos quizás ante pecios de su amplia escritura en la crítica de arte. Si al cabo toda verdad es una impotencia, escribe, el autor permite el acceso a un lugar interior, estas palabras afloran como reliquias capaces de devolvernos recuerdos e impresiones que transmiten una cotidiana sensación del existir, tal quien decide salir a tomar una bocanada de aire, estas letras donde no está lejana la ironía tendiendo un puente de la vida, allí, entre la alegría y la pérdida. Confieso que he visto y vivido, he leído, he oído, -parece entonar su autor-, revelando entonces ecos y citas de sus lecturas, de tal forma que en este libro eleva la defensa de una esperanzada pervivencia del pensamiento, la cultura, que queda expresado en la literatura y el arte en general, como quien decide erigir un reservorio de palabras que no hubiesen reinado todavía. Autor frecuentador de esta EdictOràlia, es reconocido internacionalmente en el ámbito de la teoría y la crítica de arte, habiendo estudiado el surgimiento de las vanguardias abstractas desde la postguerra. Junto a su quehacer como ensayista o conferenciante, es reconocido por su specialización en el mundo del catálogo razonado.El artista Pat Andrea ha ilustrado su cubierta y una selección de antiguas fotografías del autor lo acompaña. Intento de sentido en el caos, escribe De la Torre, en realidad, sentencia, todos somos un relato que va más allá de la vida. Estas palabras son lo que de ella queda…