En La civilización de la memoria de pez, Bruno Patino denunciaba los peligros de una humanidad que ya entonces estaba confinada entre los cristales de su pecera digital: perfectamente libres para nadar en sus aguas y abiertos a todo, pero atrapados dentro de unos limites que no por ser transparentes resultaban menos rigidos, incapaces de concentrarnos ni de crecer, agotados por el paso del tiempo y las interminables exigencias de las notificaciones que acosan nuestros dispositivos.La experiencia sin precedentes de la pandemia puso en evidencia esta misma situacion: somos una sociedad desatenta y olvidadiza, que se salvo del asilamiento gracias a su capacidad tecnica para hablar, trabajar, verse, mantenerse en contacto y divertirse a distancia, pero al mismo tiempo descubrio, de forma acelerada, los barrotes de su prision digital, libre para saberlo todo, pero carente de deseo; parloteando constantemente, pero ansiosa de contactos reales...Ahora, cuando por fin hemos podido abandonar la pecera de nuestros hogares, sabemos al menos lo que tenemos que hacer para salir de nuestra pecera digital y recuperar nuestra vida social. No es posible volver atras, y la desconexion es un señuelo: depende de nosotros hacer frente a esta nueva civilizacion que nos ha arrastrado y transformado de raiz en apenas veinte años.
Nueve segundos. A eso ha quedado reducida nuestra capacidad de atención en el mundo contemporáneo: somos una sociedad incapaz de mantener la concentración más allá de la excitación inmediata del último tweet. Pero nuestra distraccion endemica, autentica plaga de la sociedad moderna, es resultado de la imposicion dirigida de un modelo de negocio, un capitalismo digital que ha encontrado en la red la posibilidad de un mercado en perpetuo crecimiento, una economia de la atencion cimentada sobre la destruccion de nuestra concentracion, sobre el fomento de nuestra continua ansia de novedades, de imagenes, de estimulos, de 'likes'.La buena noticia es que esto quiere decir que no se trata de una nueva condicion humana. No somos desatentos, nos han hecho asi. Y por eso mismo podemos dejar de serlo.