Enclaustrado en su refugio del abigarrado barrio parisiense del Sentier, un personaje solitario que mantendrá a lo largo de la obra unas curiosas relaciones afectivas con su invisible mujer alterna sus inquietudes politicas -a traves de sus contactos con misteriosas organizaciones terroristas extranjeras- con la exposicion de sus catastroficas previsiones ecologicas y unas apremiantes fantasias sexuales proximas al mundo infantil del creador de Alicia en el pais de las maravillas. Su excentricidad es tal vez una defensa contra la normalizacion de nuestra epoca. Como ha escrito el propio autor: "Escrita al amparo del epigrafe de Bouvard et Pecuchet "Ponian en duda la probidad de los hombres, la castidad de las mujeres, la inteligencia del gobierno, el sentido comun del pueblo; en corto, minaban las bases"-, la novela es una inmensa carcajada ante el espectaculo de la ciudad del futuro, que es ya la del presente: la cosmovision de la hecatombe diaria que se avecina. Su heroe, un personaje proteico -mediocre, minucioso, obseso-, se identifica con el barrio en que vive y reproduce o clona sus contradicciones, escucha, ve, fantasea, imagina toda suerte de situaciones conflictivas de las que sale siempre malparado. Paisajes despues de la batalla es una novela marcada por la hiri
En Telón de boca, un libro insólito en el panorama literario español del último medio siglo, Juan Goytisolo nos presenta tres personajes: uno ausente (se trata de una mujer, indirectamente evocada); el que fue su marido; y un doble de este, verdadero demiurgo, que le interroga e increpa.Al traspasar la frontera de la vejez, el viudo anticipa la cercania del cruce en el que su existencia personal y la trayectoria del mundo se bifurcaran para siempre. La inminencia del no ser le induce a examinar con una lucidez exenta de todo sentimentalismo y nostalgia las instantaneas de un pasado que se desvanecera con el. Las montañas nevadas que, como un telon abrupto, contempla a diario desde su terraza le invitan a cruzarlas y penetrar en la tierra incognita oculta tras ellas.
Imágenes de invierno de la ciudad sitiada: pegada a un murete, la frágil silueta de una mujer atraviesa de rodillas el campo de mira de los francotiradores. Visión diferida de una muerte por la aniquilación súbita del contemplador: su habitación ha sido alcanzada por un mortero. El comandante de la Fuerza Internacional de Interposición, prevenido, acude al lugar de los hechos para descubrir la desaparición del cadáver. Sólo un cuadernillo de poemas y varios relatos hallados en una maleta pueden ponerle en buena pista. Pero su lectura le extravía en un «jardín de textos que se bifurcan». Enigma doble: del cuerpo escamoteado y de los escritos anónimos y de autoría distinta. El espacio de la novela es el espacio de la duda: la ruptura efímera pero incesante del cerco de ocultaciones y mentiras de la historia oficial. Toda certeza desemboca al cabo en incertidumbre. Tal vez la diseminación de documentos apócrifos, glosas, informes, relatos, cartas, poemas, sea el único medio de las víctimas de escapar a la trampa mortal ha la que la indiferencia internacional les condena. Es sitio de los sitios es así una metáfora de todos los asedios: partiendo de la realidad de unas situaciones y escenas de violencia y desolación obsesivas, conduce gradualmente al lector a través de unas historias que se tejen y se destejen a ese punto de verdad único de la más extrema y quintaesenciada ficción.
En El bosque de las letras, Juan Goytisolo analiza en su sustancia la obra de varios autores: sor Juan Inés de la Cruz, Carlos Fuentes, Manuel Puig, Severo Sarduy... La conclusión, por caminos diversos, es siempre la misma: la defensa de los valores individuales y de las minorías, de todo lo mezclado, mestizo o heterogéneo, aunque sólo sea para hacer frente a la insidiosa «normalización» que nos imponen los medios de comunicación, la omnipresente economía de mercado y los nacionalismos. Es decir: la tolerancia contra los dogmas que excluyen todo lo que no se ajusta a sus creencias y principios. La literatura concebida como escritura o palabra poética jamás daría sus flores y sus frutos si no se integrara así, como la integra Goytisolo, en el conjunto de la cultura y de la sociedad. El bosque de las letras, territorio fecundo y estimulante, es el paraje ideal donde refugiarnos contra la desolación del verbo. En este bosque se dan cita y juntan fuerzas para su lucha todas las esperanzas de la literatura.