El poder es escena: eso cifra la revolución política que, en el siglo XVII, hace nacer el Estado moderno: capacidad de construir la imaginación del súbdito. Y de modelar así sus emociones, sus afectos y representaciones, su subjetividad en suma.El arte pasa entonces a ser cuestion de Estado. Y la gran partida se va a jugar en las salas de teatro, que son los mas acabados espacios de construccion sentimental; aquellos donde para ser conmovido no hace falta ni siquiera saber leer. El teatro es accesible a todos, tambien a las mujeres. Eso lo hace potentisimo. O peligrosisimo. Las prohibiciones teatrales en Inglaterra y en la Suiza de Calvino anuncian la batalla. ¿Quien esta legitimado para envenenar la mente del fiel, imprimir en las mentes de los espectadores los canones de sus afectos?Pierre Nicole, editor de los Pensamientos de Pascal e ideologo central del jansenismo afronto en su Tratado de la Comedia la incompatibilidad de teatro y la vida cristiana: el autor teatral era un "envenenador de almas". Y todos percibieron que cualquier escena -tambien la politica- quedaba deslegitimada. Corneille, Racine, Moliere... se lanzaron a un debate en el cual se jugaba su oficio. El resultado es una de las mas bellas justas intelectuales del siglo XVII frances.
La Abadía Cisterciense de Port Royal, ubicada en las cercanías de Paris, fue centro en el que arraigó una comunidad de intelectuales y religiosos agrupados a partir de 1637 en torno a la figura de Jean Duvergier de Hauranne, Abbe de Saint Cyran. En 1660, Luis XIV, preocupado por la difusion del jansenismo desde Port Royal, ordeno la clausura de la abadia, y cinco años mas tarde los miembros de la Comunidad los Solitarios- se vieron obligados a exilarse o dispersarse en suelo europeo; suerte paralela llegaron a correr las cenizas custodiadas en su cementerio que fueron dispersadas por Francia sin indicacion alguna de nombre. Con tal medida se evitaba cualquier posible reagrupamiento.A dos de los miembros de esta Comunidad, Antoine Arnauld -le grand Arnauld- y Pierre Nicole se debe uno de los textos filosoficos que contribuyo a corregir la posicion de poder que la Dialectica/Logica ocupaba en la enseñanza universitaria frenando el desarrollo y presencia en la universidad de otros campos de conocimiento como el de la filosofia natural o la etica. Pero, sobre todo, esta logica logro articular y difundir una reintrerpretacion del conjunto del saber y de la cultura filosofica para determinar lo que Arnauld y Nicole consideran que constituye un buen uso de la logica, la razon y la vida; la tradicion de los estudios de la inferencia, realizados en el medioevo, que continuaron la tradicion estoica, no tuvo acogida en esta propuesta. Solo asi, asignando al agustinismo jansenista una posicion reguladora de la integracion sistematica de los diversos elementos que integran la cultura occidental, se explica y articula esta propuesta que sufrio una profunda modificacion en sus distintas ediciones. Lo que suele conocerse como las posibles fuentes del pensamiento de Arnauld no dan cuenta de la forma que adopta su propuesta final que quedo recogida en La Logique ou LArt de penser y que sirve en definitiva a la misma reinterpretacion que hace posible una reforma de la espiritualidad como la desplegada por los portroyalistas; asi se explica su exito editorial y su presencia en distintas culturas europeas. Esta valoracion de la Logica de Port Royal y del movimiento que suscribe y difunde no resta interes alguno a otros motivos que han favorecido su presencia en nuestros dias, como son los vinculados a la linguistica y la semantica.