Un referente de la lucha por la justiciaEsta obra rinde homenaje, con motivo del centenario de su nacimiento, al beato obispo Óscar Romero, mostrándolo ante la dificultad de los tiempos que le tocaron vivir y en un esfuerzo por permanecer fiel al Evangelio. En la decada de los 70 fue conocido por todo el mundo por su actuacion en favor de la justicia y la paz, donde gracias a su palabra y ejemplo abrio caminos de liberacion y reconciliacion. Por eso, su figura sigue siendo una referencia gracias a la rica herencia de su testimonio, un simbolo de un cristianismo profetico y liberador de la Iglesia salvadoreña y latinoamericana. Un referente para creyentes y no creyentes de la lucha por la justicia.En la decada de los 70, el nombre de Oscar Romero, arzobispo de San Salvador, era conocido en todo el mundo. Los medios de comunicacion internacionales amplificaban su voz y su actuacion en favor de la justicia y de la paz; se llego a hablar de monseñor Romero como candidato al premio Nobel de la Paz, pero en 1980 fue asesinado mientras celebraba la Eucaristia. La situacion en America Latina y en todo el mundo ha cambiado mucho despues de su muerte. Sin embargo, su figura sigue siendo una referencia gracias a la rica herencia de su testimonio. Esta obra rinde homenaje, con motivo del centenario de su nacimie...
Hace veinte años el sida puso en peligro la supervivencia de todo un continente ante la indiferencia de las grandes instituciones internacionales. Desde 1996 existían tratamientos contra el sida en Occidente, y los pacientes sobrevivian y gozaban de un buen estado de salud. Sin embargo, Africa, que contaba sus enfermos por millones y no por miles como en los paises ricos, veia como se le negaba el acceso a las terapias. ¿Por que aquella doble vara de medir? Se decia que los africanos no eran capaces de tomar regularmente las medicinas; se consideraban ineficaces los fragiles sistemas sanitarios africanos; y los caros farmacos antirretrovirales contra el sida, que en Occidente salvaban vidas, eran vistos como un lujo (aun asi, para proteger los intereses de las multinacionales farmaceuticas, no se planteo recurrir a los farmacos genericos equivalentes, de bajo coste). En resumen, reinaba el afropesimismo: tratar a los enfermos de sida en la zona subsahariana se consideraba una perdida de tiempo y de dinero. Mientras tanto, la edad media disminuia y las economias se desplomaban. A pesar de los esfuerzos de figuras como Kofi Annan, Stephen Lewis, Jeffrey Sachs y de muchos medicos y voluntarios sobre el terreno, la via terapeutica tardo en aprobarse. El acceso universal a las terapias no se acordo a nivel internacional hasta 2015. La historia de como se cambio de rumbo para salvar al mayor numero de vidas posible es una leccion ejemplar que nos puede ayudar a afrontar mejor el presente.
El 24 de marzo de 1980 era asesinado junto al altar Óscar Arnulfo Romero. Nombrado arzobispo de San Salvador apenas tres años antes, monseñor Romero no dejó a nadie indiferente. Unos lo consideraban un profeta, un mártir, un luchador por la paz y el diálogo, un hombre de Iglesia; otros, por el contrario, veían en él a un revolucionario, un agitador de masas, un político frustrado que promovía la crispación, un personaje en busca de notoriedad social. Romero había nacido en Ciudad Barrios, población situada en el «Oriente» salvadoreño, el año 1917. Como sacerdote y obispo jamás soñó con ser un héroe; sin embargo, su alto sentido de la responsabilidad le obligó a reaccionar ante la sangre derramada y luchar en favor de la dignificación de los más pobres de su país. El rostro amable de Romero, esculpido en piedra entre Dietrich Bonhoeffer y Martin Luther King en el frontispicio de la catedral de Westmister, junto a los «nuevos mártires» del siglo XX, invita a mantener la esperanza contra toda desesperanza.