Se cumplen novecientos años de la muerte de Urraca de León, la primera mujer que reinó por derecho propio en la Europa medieval. Un mundo donde la soberanía y el poder eran prerrogativas masculinas, pero en el que Urraca, desafiando convenciones y prejuicios, supo defender sus derechos e imponer su autoridad. En 1109, tras la muerte de su padre, Alfonso VI, Urraca accedio al trono de Leon y Castilla como reina titular y soberana por derecho propio, una posicion inedita que tuvo que proteger desde el primer momento pues se le impuso un matrimonio con Alfonso I de Aragon y Pamplona, lo cual la sometia de nuevo a una tutela masculina y limitaba su poder. Urraca, sin embargo, decidio reinar en solitario y ejercer de pleno la soberania heredada, apoyada en una red de alianzas que supo consolidar con habilidad. Sin referentes femeninos previos, construyo una imagen inedita de reina soberana, aunque los prejuicios asociados a su condicion femenina marcaron profundamente la percepcion posterior, las cronicas minimizaron su actuacion politica, cuestionaron su figura desde la moral y redujeron su reinado a un mero parentesis entre su padre, Alfonso VI, y su hijo, Alfonso VII. Nada mas alejado de su verdadera dimension. Urraca ejercio el poder regio durante diecisiete años con eficacia y firmeza, defendio su legitimidad, sostuvo el reino ante presiones internas y externas y no dudo en negociar, forjar alianzas o tomar las armas cuando fue necesario. Nueve siglos despues, el libro Urraca. Una reina en el trono de un rey, de la historiadora Sonia Vital Fernandez, sirve tanto de homenaje a una soberana cuyo legado merece pleno reconocimiento, como de reevaluacion del papel de las mujeres de poder en la Edad Media, porque Urraca fue reina, aunque se sentara en el trono de un rey.
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