El Mi5, la temida y admirada institución británica de inteligencia y contraespionaje, había reclutado de manera fortuita a un agente al que se tenía por insignificante dentro de su complejo organigrama.
Ignoraban que acababan de incorporar al más letal y eficaz de los agentes, alguien que podía ver, oír y actuar sin ser visto.
En una palabra, a un espía invisible.