En Necesito hablar con Wanda, Ana Castro se adentra en una estética pop atravesada por la tragedia clásica. La Bruja Escarlata dialoga con Yerma y Medea, y el multiverso se convierte en metáfora del duelo: otras vidas en las que los hijos existen, otros futuros que no fueron. Desde la habitación de hospital hasta Genosha, la poeta establece un paralelismo con Wanda Maximoff para pensar el dolor de la madre no-madre y la violencia de las expectativas sociales. Frente a quienes reducen su furia a "locura", reivindica el derecho al duelo y cuestiona el matrimonio como espacio de cuidado. Más allá de Marvel, este libro explora qué sostiene el sentido de la existencia cuando lo más deseado no se cumple. Entre la autodestrucción y la supervivencia, Castro recuerda que incluso en la devastación puede surgir un superpoder: seguir.