Eduard Palomares (1980) escribe para El Periódico de Catalunya y otras cabeceras del grupo Prensa Ibérica. Es autor de dos novelas, No cerramos en agosto (Libros del Asteroide, 2019) e Igual que ayer (Libros del Asteroide, 2022). Protagonizadas por el detective Jordi Viassolo, en ellas combina su afición por la novela negra clásica con una voluntad de ejercer de cronista de la Barcelona actual.
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Por el autor de No cerramos en agosto, un nuevo caso del detective Jordi Viassolo que pone el foco en la especulación inmobiliaria y los narcopisos.Jordi Viassolo, aprendiz de detective privado en paro, espera a que al fin le contraten en una agencia mientras sobrevive trabajando ocasionalmente como camarero. Tras servir en un lujoso coctel en la zona alta de Barcelona, recibe la noticia de que uno de los asistentes, Mike Comabella, aspirante a la alcaldia, ha muerto en un sospechoso accidente. Poco despues le llega un pequeño encargo como detective: un cliente misterioso pide que se investigue a una asociacion de vecinos del Raval. En el barrio barcelones descubrira que la especulacion inmobiliaria, las desigualdades sociales y el trafico de drogas son mas flagrantes de lo que imaginaba.Tras el exito de No cerramos en agosto, Eduard Palomares vuelve con una apasionante novela negra que auna intriga, retrato social e ironia. A traves de las andanzas de su entrañable detective novato y de su singular circulo de amigos, el autor adapta el genero negro al siglo XXI, retratando la evolucion de la ciudad en los ultimos cuarenta años y demostrando que, por mucho tiempo que pase, hay cosas que nunca cambian.Palomares usa la novela negra como excusa para diseccionar la realidad social de la Barcelona actual. German Gonzalez (El Mundo)Viassolo se parece mas al Flanagan de Andreu Martin que al Marlowe de Chandler; es un detective muy de nuestros tiempos. Rosa Marti (Esquire)Bienvenida la mirada de este joven que se busca la vida, se mete en problemas y se convierte en heroe. Lilian Neuman (La Vanguardia)Con acertadas dosis de ironia, retrata la sociedad actual, algo que Palomares comparte () con sus admirados Manuel Vazquez Montalban, Andrea Camilleri y Petros Markaris. Anna Abella (El Periodico)Que demonios: no se pierdan nada de la novela. Ni de la primera entrega de la saga, porque se van a enganchar a Viassolo. Javier Menendez Llamazares (El Diario Montañes)Se lee rapido y con la sonrisa en la boca, con dialogos que fluyen y saben a poco, porque parecen disparos de lo fulminantes que son. Javier Lahoz (El Periodico de Aragon)Un nuevo revolcon a la novela negra made in Barcelona. David Moran (ABC)
Jordi Viassolo consigue un trabajo de becario –temporal y mal pagado– en una agencia de detectives de Barcelona. La misión que le encargan es simple: mantener el despacho abierto durante el verano si
Jordi Viassolo, aprendiz de detective privado en paro, espera a que al fin le contraten en una agencia mientras sobrevive trabajando ocasionalmente como camarero. Tras servir en un lujoso cóctel en la zona alta de Barcelona, recibe la noticia de que uno de los asistentes, Mike Comabella, aspirante a la alcaldia, ha muerto en un sospechoso accidente. Poco despues le llega un pequeño encargo como detective: un cliente misterioso pide que se investigue a una asociacion de vecinos del Raval. En el barrio barcelones descubrira que la especulacion inmobiliaria, las desigualdades sociales y el trafico de drogas son mas flagrantes de lo que imaginaba. Tras el exito de No cerramos en agosto, Eduard Palomares vuelve con una apasionante novela negra que auna intriga, retrato social e ironia. A traves de las andanzas de su entrañable detective novato y de su singular circulo de amigos, el autor adapta el genero negro al siglo XXI, retratando la evolucion de la ciudad en los ultimos cuarenta años y demostrando que, por mucho tiempo que pase, hay cosas que nunca cambian.
Jordi Viassolo consigue un trabajo de becario–temporal y mal pagado–en una agencia de detectives de Barcelona. La misión que le encargan es simple: mantener el despacho abierto durante el verano sin