Hans Hellmut Kirst, escritor alemán originario del este de Prusia (1914-1989), es autor de innumerables novelas satíricas y de suspense que le hicieron muy popular a lo largo de los años sesenta y setenta. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, el inicio de su copiosa carrera literaria estuvo centrado en retratar la corrupción de la vida militar en Alemania bajo el nazismo a través de la saga del soldado Asch, de título general «08/15» (una cifra simbólica que servía a los soldados alemanes para designar en clave todo aquello que resultaba desagradable en la vida militar). Este conjunto narrativo de cuatro novelas (La original rebelión del cabo Asch (Berenice, 2010), El sargento Asch va a la guerra (Berenice, 2011), La peligrosa victoria del teniente Asch y Qué fue del soldado Asch, publicadas en 1953, 1954, 1955 y 1964 respectivamente) también fue adaptado al cine e incluso a un serial de televisión en Alemania. Esta saga le granjeó fama internacional y una agria polémica nacional por las políticas de rearme en Alemania. En los años sesenta se centró en la novela de detectives para seguir retratando el mundo de la guerra y la posguerra en Alemania. En este momento cosecha su gran éxito, la espléndida novela Die Nacht der Generale (La noche de los generales, 1962; recuperada por Berenice en 2009), adaptada al cine en 1967 con el mismo título, acompañado por otras de sus obras maestras, Fabrik der Offiziere (1960) y Die Wölfe (Los lobos, 1967, publicada por Almuzara en 2008). Más tarde volvió a cosechar un sonado éxito en Europa con Die letzte Karte spielt der Tod, una biografía novelada del espía soviético Richard Sorge. (www.hans-hellmut-kirst.de)
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1932. Maulen, un pueblecito agrícola de Masuria, en Prusia Oriental. El granjero Alfons Materna acaba de perder a su hijo, captado por los SA, grupos de asalto del partido nazi, en unas maniobras paramilitares clandestinas. Desde ese momento sabe que todo va a cambiar en su vida pero, imperterrito, Materna ha decidido hacerle la vida imposible a los jerarcas locales del partido y, por ende, al nazismo. Con algunos aliados y con casi todo el mundo en contra, se empeña en una tozuda resistencia a base de tretas, trampas y, sobre todo, el manejo de todas las miserias personales de cada jefe local. Y asi, aunque llegue el ascenso y el auge del nazismo o estalle toda una guerra mundial, impavido ante los muchos sacrifi cios que tendra que hacer, con un objetivo fi nal: poder ver con sus propios ojos el derrumbe de la falacia nazi. Los lobos es una mordaz radiografia del nazismo en un pequeño pueblo aleman, desde su espectacular nacimiento hasta su fatidico derrumbamiento. Esta considerada como una de las obras maestras de Kirst y es la muestra mas perfecta de esa mezcla extraordinaria del humor impasible y la satira devastadora que vertebra su vasta obra literaria.
La trama de investigación, que se alarga hasta décadas después de la guerra, se entremezcla con la implicación de dos de los generales sospechosos de los crímenes en la conspiración más famosa para matar a Hitler, que será llevada al cine este año en una producción capitaneada por Tom Cruise.
«La que se llamó desgracia del artillero Vierbein, que hubo de provocar la original rebelión del cabo Asch, empezó una radiante tarde de domingo: la del día 1º. de agosto de 1938. Una semana más tard
En esta novela el revoltoso soldado Asch se ha convertido, sin saber muy bien cómo, en sargento. Además se encuentra ya en plena Segunda Guerra Mundial, en el terrible frente ruso. La vida militar, a pesar de la situacion extrema, sigue imponiendo sus estupidas normas y ordenes, hasta para tirarte a cuerpo a tierra cuando una granada te va a dar en la misma cara. Pero nuestro sargento Asch tiene todas las armas para sobrevivir y, al mismo tiempo, poner de manifiesto todas las esperanzas y miserias de la condicion humana en medio del desastre en que teieen que hacer su dia a dia.
El ejército alemán está desintegrado, pero sigue imponiendo un estúpido espíritu de normas y órdenes en medio de la derrota y de la lucha de todos por escurrir el bulto con el consabido «yo nunca fui