Ángel Antonio Herrera (1964) concreta y prorroga un recóndito linaje de poeta que cree en la magia salvaje del idioma, bajo la indagación del azar jubiloso, y, por tanto, del cerrado enigma. Esta antología expone más de tres décadas de esta singladura, donde vive la felicidad del lenguaje libre, entre la partitura de lo radical y la legislación de lo invisible. Ha escrito Antonio Lucas que Herrera es «una isla extrema». Alvaro Pombo agrega: «Se trata de la prosodia aquí, de la elocuencia, del motus animi continuus, de Horacio. Se trata de una excelsa virtud de los poetas clásicos como es Herrera». Diego Doncel nos recuerda que estamos ante «las metáforas de una desobediencia». Barnatán, en el prólogo, ha visto «atrevidos combates de un creador que se propone siempre un nuevo desafío. Así, el autor puede ufanarse de triunfo tras triunfo en sucesivas y autoimpuestas situaciones conflictivas». En todo caso, leer a Herrera es convidarse a un incendio, subir a dañadas lejanías, irse a la catástrofe de la belleza, donde la palabra quiere «oler a loco». V. C.
Ficha técnica
Editorial: Editorial Renacimiento
ISBN: 9788419877758
Idioma: Castellano
Número de páginas: 192
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 02/03/2026
Año de edición: 2026
Plaza de edición: Sevilla
Colección:
Antologías
Antologías
Número: 151
Alto: 17.0 cm
Ancho: 12.0 cm
Peso: 166.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Ángel Antonio Herrera
Angel Antonio Herrera (1964) concreta y prorroga un recóndito linaje de poeta que cree en la magia salvaje del idioma, bajo la indagación del azar jubiloso, y, por tanto, del cerrado enigma. Esta antología expone más de tres décadas de esta singladura, donde vive la felicidad del lenguaje libre, entre la partitura de lo radical y la legislación de lo invisible. Ha escrito Antonio Lucas que Herrera es «una isla extrema». Alvaro Pombo agrega: «Se trata de la prosodia aquí, de la elocuencia, del motus animi continuus, de Horacio. Se trata de una excelsa virtud de los poetas clásicos como es Herrera». Diego Doncel nos recuerda que estamos ante «las metáforas de una desobediencia». Barnatán, en el prólogo, ha visto «atrevidos combates de un creador que se propone siempre un nuevo desafío. Así, el autor puede ufanarse de triunfo tras triunfo en sucesivas y autoimpuestas situaciones conflictivas». En todo caso, leer a Herrera es convidarse a un incendio, subir a dañadas lejanías, irse a la catástrofe de la belleza, donde la palabra quiere «oler a loco». V. C.