En medio de la Guerra de Sucesión de España, el año 1705 se inició para Murcia y su amplio reino con augurios de prosperidad y mayor prestigio. El detonante fue la nominación del granadino Luis de Belluga y Moncada (1662-1743) por obispo de la antigua diocesis de la Carthaginen(sis) in Hispania. Durante toda su vida fue un eclesiastico ejemplar profundamente religioso, miembro de la Congregacion filipense del Oratorio, desde siempre preocupado por la disciplina moral y la formacion del clero, lo que no quita para que, ademas de obispo y cardenal, desempeñara en Roma el nombramiento de Cardenal Protector de España y de las Indias y afrontara el cargo de proto ministro encargado de los asuntos de España ante la Santa Sede. La prolija investigacion documentada realizada, aclara muchos extremos de su biografia, empezando por su apellido y sus origenes familiares como cristiano nuevo, descendiente de judeoconversos valencianos, en absoluto nobles, pero bien asentados en la portuaria Motril, su ciudad natal; desvela, deshaciendo entuertos, que quedo huerfano a los 17 años, cuando estudiaba con los jesuitas en Granada, llegando a dar clases en su Universidad; que becado con una capellania teologa por el Colegio Mayor de Santa Maria de Jesus de Sevilla, valido en un año todos sus estudios previos y se doctoro en Teologia; ordenado sacerdote con 24 años, fue canonigo de Zamora y luego de Cordoba, haciendo hincapie en su famoso sermon contra los Libros Verdes, escritos sobre todo contra la casta hebrea; estante en Cordoba, ante el brutal ataque de la flota anglo-holandesa a Cadiz y su bahia, se declaro sin ambages defensor de la legitimidad de Felipe V; ya obispo, nombrado capitan general del Reino, rechazo la ofensiva austracista sobre Murcia, alejando en lo posible con sus milicias la guerra hasta llevarla a territorio enemigo, entrando en la gobernacion valenciana de Orihuela, superando un atentado de algunos regidores murcianos contra su persona y poniendo en marcha, como virrey de Valencia y su capitan general, en las zonas por el sometidas, el germen de la Nueva Planta; tambien informa de su fracasado intento de buscar el martirio en la defensa de Oran; aporta nuevos datos sobre sus Pias Fundaciones y su labor colonizadora en la Vega Baja del Segura, precedente sin duda de la regia empresa llevada a cabo por el intendente Olavide muchos años despues; profundiza en la tan debatida guerra de propaganda, aclarando extremos hasta ahora no abordados; deja clara su no presencia en la batalla de Almansa, al tiempo que ante la ofensiva regalista del neocesarismo borbonico y la ruptura de relaciones con Roma no dudo un apice, a pesar de su leal adhesion a Felipe V, que le llevo al trono de España, en declararse defensor de la Iglesia y del Papado; deshace entuertos respecto al enmarañado asunto de su elevacion al cardenalato, ninguneando el Papa a Felipe V, y aclara que no fue el Rey quien le impuso la birreta cardenalicia, sino que el mismo se la autoimpuso bajo las bovedas de la catedral de Murcia; descubre que en Roma asento su domicilio en el Palacio Mignanelli, inteligentemente situado ante la Embajada de España, para asi poderla controlar sin ser el espiado; y asi un largo etcetera, como que su actuacion diplomatico llevo al trono de Napoles y de Sicilia al Infante duque de Parma, el futuro Carlos III, que agradecido lo designo primer caballero gran cruz de la Orden regia ...
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